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La Huerta de Murcia. Historia

Durante los siglos VIII, IX y X la confluencia del Segura con el Guadalentín fue llenándose de alquerías, formándose la Huerta de Murcia en torno a la nueva capital. La red de acequias de la huerta es posterior al siglo XI, y su pleno desarrollo abarca desde este siglo hasta el XIII, coincidiendo con el auge de la ciudad y su conversión en una de las principales metrópolis del Al-Andalus.

El origen de estas alquerías estaría en asentamientos de clanes y de determinados linajes musulmanes, como es el caso de pedanías como Beniaján.

Los árabes desecaron las tierras inundadas por el río y concibieron un sistema de riegos completo, construyendo presas y azudes, canales y acequias, elevando el agua con norias de madera y trasformando en regadío las fértiles tierras de la huerta. De tal forma que en el siglo XIII los riegos de la Huerta de Murcia aparecen estructurados como hoy los conocemos, aunque las obras de mampostería son posteriores. Aunque de origen romano, la presa de la Contraparada fue perfeccionada por los árabes. La convirtieron en el punto de partida de un sabio aprovechamiento de las aguas, que se introducen en el valle. Allí se ramifican mediante acequias, riegan diversos puntos de ambas márgenes del río, posibilitando, desde hace siglos, el cultivo de frutales, cítricos y hortalizas. Frisos almorávides de Monteagudo

En Murcia, las dos arterias de riego eran las acequias de la Aljufia y la Alquibla.

Con los árabes la huerta alcanza su mayor esplendor, poblándose de prósperos y fecundos rahales (caseríos).

Al-Maccari describe así esta huerta: En torno del río hay huertos frondosos y norias de sonoros rumores y aves cantoras y flores olorosas no conocidas. Es de las regiones más ricas en frutos y toda suerte de plantas odoríferas, y su población, de la más dada al esparcimiento, tiene en las cercanías lugares a propósito para ello, por lo delicioso de los panoramas.

Mientras que la Huerta de Murcia se cuajaba de frutales y caseríos, el Campo Murciano, presentaba una deficiente situación económica y escasa explotación por la falta de población musulmana, debido a la geografía, clima y desamparo en que se encontraban estas tierras, expuestas a toda clase de incursiones armadas.

A partir de la reconquista castellana, el Campo Murciano comenzará a verse salpicado de caseríos, diseminados por las serranías y las tierras que descendían hasta el litoral (actuales pedanías de Carrascoy-La Murta, Corvera, Valladolises y Lo Jurado, Baños y Mendigo, Los Martínez del Puerto, Gea y Truyols, Jerónimo y Avileses, Sucina y Lobosillo

Muchos de estos rahales (caseríos) diseminados, pasaron a manos cristianas incluso antes del repartimiento de tierras ordenado por Alfonso X el Sabio el 5 de junio de 1266.

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